El poeta
Navego por esas oscuras aguas de la melancolía
la incertidumbre y la decepción
me acompañan desde que cruce tu puerta.
Un hasta pronto, un nos vemos
caras de la misma mujer: la despedida
¿Qué tanto bien le haces a mi vida?
Tú, mujer cruel, que gozas con mi desdicha
tú, que te escondes tras tu sonrisa y esa mirada profunda
¿Para qué causar mi alegría? si luego me dejas con un adiós
¿Para qué saber que es el cielo? si debo vivir con tu ausente.
¿Cuál es mi delito? ¿Cuál es mi culpa?
¿A qué se debe mi suplicio?
¿Será pecado ver tus ojos?
¿Será pecado sentir tus manos?
¿será pecado respirar de tu aliento?
Que ansias de ser pecador
si ello implica tu compañia, tu presencia, tu aroma
cómo deseo pecar una y otra vez
sentirte cerca, verme en tus ojos
perderme en tu ser...
Es mi alegría, mi maldición:
compartir un instante contigo
saber que no es eterno
mas prefiero la tortura de un adiós
a un mañana sin ilusión.
Tú, causa de mis escritos
musa de mi inspiración
culpable de mi tristeza y autora de mi alegria.
Sólo un día más, es todo lo que pido
y repetir mi plegaria una otra vez.
Tú, santa de mi devoción
no desoigas estos versos
que emanan de mi corazón.
Navego por esas oscuras aguas de la melancolía
la incertidumbre y la decepción
me acompañan desde que cruce tu puerta.
Un hasta pronto, un nos vemos
caras de la misma mujer: la despedida
¿Qué tanto bien le haces a mi vida?
Tú, mujer cruel, que gozas con mi desdicha
tú, que te escondes tras tu sonrisa y esa mirada profunda
¿Para qué causar mi alegría? si luego me dejas con un adiós
¿Para qué saber que es el cielo? si debo vivir con tu ausente.
¿Cuál es mi delito? ¿Cuál es mi culpa?
¿A qué se debe mi suplicio?
¿Será pecado ver tus ojos?
¿Será pecado sentir tus manos?
¿será pecado respirar de tu aliento?
Que ansias de ser pecador
si ello implica tu compañia, tu presencia, tu aroma
cómo deseo pecar una y otra vez
sentirte cerca, verme en tus ojos
perderme en tu ser...
Es mi alegría, mi maldición:
compartir un instante contigo
saber que no es eterno
mas prefiero la tortura de un adiós
a un mañana sin ilusión.
Tú, causa de mis escritos
musa de mi inspiración
culpable de mi tristeza y autora de mi alegria.
Sólo un día más, es todo lo que pido
y repetir mi plegaria una otra vez.
Tú, santa de mi devoción
no desoigas estos versos
que emanan de mi corazón.
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