martes, 23 de junio de 2009

Únicos e irrepetibles: ¿verdad o sólo un deseo del ser?

Únicos e irrepetibles: ¿verdad o sólo un deseo del ser?

Todos somos únicos e irrepetibles. Todos tenemos un propósito en nuestra vida, un proyecto que sólo nosotros podemos realizar. Somos únicos genéticamente, lo confirma el proyecto genoma humano. Estas frases tantas veces dichas por todos, incluso por ti y por mí, ocupadas para hacer sentir bien a una persona afligida o entrada en desgracia. Pero ¿cuán de cierta es?, realmente ¿qué tan “únicos y especiales” somos?

Tomaré el caso más simple, todos los días al caminar vemos la arquitectura de nuestra ciudad, las casas poseen la misma forma, todas las calles con la misma estructura, los parques y plazas con los mismos juegos. La mayoría de los trabajadores de las empresas se reportan a su trabajo con traje, las mujeres con falda, nuestros estudiantes, constructores, bomberos, carabineros todos ellos uniformados. Tomamos desayuno alrededor de las 7:30 AM, almorzamos cerca de las 13:30, y la once-cena es a las 19:30. Si pasas los 40 años y aún no estás casado rápidamente vendrá sobre ti el título de solterón o solterona. Y así tantos y tantos comportamientos y estructuras sociales que parecen ser patrones predeterminados, ante lo cual surge una pregunta evidente y pocas veces respondida satisfactoriamente: ¿Quién decidió todo esto. Las formas de nuestras casas, nuestras formas de vestir, nuestros hábitos alimenticios? Muchos dirán que es la sociedad la que nos ha “impuesto” todos estos comportamientos, pero ¿quién o qué es la sociedad?

Sí a la salida de un templo religioso le pregunto a una persona si cree en el dios Sol, me mirará perplejo, tal vez como si yo fuese un hereje, y su respuesta sería rotunda: No. Muy por el contrario, me dirá devotamente: creo en un Dios único y trino. Y si la interrogara y le preguntase por qué afirma tal creencia, me dirá: es lo que afirma mi fe.

Pero no hay necesidad de ir a casos citados, responda usted las siguientes preguntas: ¿Prefiere vivir en departamento o en una casa? ¿Cuál es hombre o mujer ideal? ¿Qué cree que hay después de la muerte? ¿Pretende casarse? ¿Qué lugar le parece atractivo para vacacionar? ¿Cómo decoraría el interior su vivienda? ¿Qué ropa se compraría si fuese a un centro comercial en este momento?

Lo más probable es que sus respuestas sean: vivir en una casa, que mi mujer sea linda, pelo largo, ojos azules o verdes, piel blanca, inteligente y educada. En el caso de un hombre debe ser alto, atractivo, musculoso, de buena situación económica, lindos ojos. Cree que hay una vida después de esta en la que seremos juzgados por nuestras acciones o “pecados”. Dirá que pretende casarse y tener hijos, formar una bella familia. Su lugar de descanso será la playa, el campo o las montañas. Su vivienda la decorará con sillones en su living, un televisor, una mesita central. En su cocina habrá un refrigerados, electrodomésticos, etc. En los dormitorios tendrá una cama, un closet o ropero, un espejo. Y en lo que a ropa se refiere elegirá zapatos o zapatillas, vestido o traje, poleras, blusas y los típicos blue jeans. Que muchas de estas respuestas coincidan con las suyas, no es una coincidencia (me sorprendería sino), solo uno de los tantos efectos de nuestra sociedad.

Únicos e irrepetibles, ¿realmente lo somos? Nuestras creencias religiosas, nuestras expectativas de una “vida cómoda y placentera”, nuestros “amores ideales”, nuestra forma de comer, de vestir, en definitiva, nuestra manera de vivir, está marcada netamente por nuestra sociedad y por su recurso más famoso: los estereotipos. Pero no sólo aquellos que vemos en anuncios publicitarios, también los presentes en los programas televisivos, noticiarios, revistas, diarios, radios, y no menos importantes, aquellos presentes en nosotros mismos. Ya que somos portadores de estereotipos, aún si saberlos, basta con analizarnos y nos daremos cuenta, que aquello que nos parece ideal o correcto, desde la forma de vestir, hasta las formas de comportamiento las transmitimos a las personas a nuestro alrededor, como si se tratasen de verdades absolutas.

Nuestras respuestas a las interrogantes presentadas en los párrafos anteriores serían distintas si estuviésemos en una cultura oriental, por lo que hay una conclusión que es inevitable: nuestra sociedad modela nuestra forma de vestir, comer, de vivienda, cultura religiosa, en definitiva: nuestra manera de existir. Por lo que de esta perspectiva(exluyendo la parte genética), no somos seres únicos sólo producto de nuestra sociedad. Esto nos puede parecer una conclusión bastante fuerte, traumante y desalentadora, pero muy por el contrario, es una invitación para cuestionar nuestras acciones diarias, y ver si somos únicos o seguimos los patrones de comportamiento ya establecidos.

A lo largo de la historia recodamos a aquellas personas únicas, no únicas por el hecho de existir, sino por hacer un alto es sus vidas y evaluar si realmente lo que les decía la sociedad, lo que ella propone está o no en lo correcto. Ejemplos hay por millones, como es el caso de la revolución francesa, un alto al mundo monárquico y el inicio de sistemas democráticos. Copérnico y Galileo cambiando la visión del mundo presentada por Aristóteles, diciendo que la Tierra no es el centro del Universo, que perduró por 2.000 años, y unos de los casos más recientes, Albert Einstein rompiendo todos los esquemas, dándonos nuevas visiones respecto al espacio y al tiempo es su teoría general de la relatividad. Un filósofo afirmaba que no se nace con un alma, que esta debe ganarse a través de los años con meditación y oración. La misma analogía se puede realizar con la identificación de única e irrepetible de las personas. No somos únicos por el hecho de existir, pero llegaremos ha serlo, cuando realmente nuestras decisiones y formas de comportamiento ya no sean influenciadas por nuestro entorno, sino que realmente tengamos la convicción de lo que hacemos es realmente una extensión de nuestro ser. Entonces y sólo entonces podremos afirmar, y satisfacer una necesidad espiritual: realmente somos únicos.

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